Transporte público

La Encuesta de Movilidad de la Comunidad de Madrid 2018 nos muestra un alto uso del transporte público colectivo, más intenso cuanto más cercano a la capital se realiza el desplazamiento.

No obstante resulta preocupante la evolución del reparto modal en lo que se refiere al uso del vehículo privado motorizado: la caída en el uso del transporte público ha sido constante acelerándose en los últimos años en los que se ha pasado de representar un uso absolutamente mayoritario del 54% hasta un 40% en 2018.

Evolución del reparto modal en la Comunidad de Madrid
Evolución del reparto modal en la Comunidad de Madrid

La red de transporte público colectivo en la Comunidad de Madrid se diseñó siguiendo el modelo radial y centralista que caracterizó a los movimientos fundamentalmente laborales que configuraron la capital, su periferia y la corona metropolitana. Tanto las líneas de Cercanías Renfe como los autobuses interurbanos cubren de forma satisfactoria (con destacadas excepciones) los trayectos hacia y desde el interior de la M-30.

Este diseño se muestra claramente insuficiente para satisfacer la demanda de desplazamientos, no sólo laborales, entre núcleos urbanos o barrios periféricos de Madrid, incluso dentro de los mismos.

Pero además, hasta el medio de transporte más utilizado en nuestra comunidad, el Metro de Madrid, viene padeciendo en los últimos años un deterioro que ha llevado a una frecuencia de paso muy alejada de cualquier red de metro de capitales europeas en su mismo nivel como Londres o París.

Igualmente y, salvo quizás en el caso de Cercanías Renfe en una buena parte de su red, el transporte público colectivo de Madrid carece de las adaptaciones necesarias de accesibilidad que deje de centrarse en las necesidades de los desplazamientos laborales y contemple los trayectos realizados por motivos de ocio, cuidados o compras.

En este mismo sentido se muestra la falta de actualización que favorezca la intermodalidad, cada día más demandada. Cercanías Renfe permite transportar la bicicleta pero, dada la escasa frecuencia de paso en horas punta en los trayectos más masificados, se hace inviable en ciertas franjas horarias. La red de metro lo tiene restringido en la gran mayoría de sus líneas a fines de semana y unas pocas horas que, además de desincentivar su uso, complica sus condiciones de uso. En el caso de autobuses, ya sean urbanos o interurbanos, es simplemente imposible entrar con una bici.